23 de enero de 2018
Fue el 12 de mayo de 2015, cuando desde Petit Món visitamos la residencia Chandeswory por primera vez. Ibamos a llevar alimentos y cosas básicas para ayudar, ya que hacía un par de semanas se había sufrido un terremoto a gran escala que había arrasado parte de Nepal y había dejado todos los edificios de la escuela, así como la residencia para estudiantes invidentes, muy dañados o destruidos. La idea inicial era proporcionar ayuda post terremoto temporal, pero se dió una serie de circunstancias que propiciaron la decisión de reconstruir la residencia.
Los que conocen Nepal sabemos que no es un país fácil, hasta el punto de que a veces, cuando creemos que las cosas no pueden empeorar, descubrimos que por desgracia estábamos equivocados. Pero los que conocemos Nepal, también sabemos que cuando creemos que las cosas no se pueden arreglar, sin saber muy bien como, se arreglan. Para mí es parte de la magia de este país. Tal vez parte de esta magia, además de mucho trabajo y determinación, han hecho posible que en estos momentos la residencia Chandeswory para los estudiantes invidentes sea una realidad.
Cuando ahora vemos la residencia ya construida, se hace difícil recordar todas las dificultades que se han superado. Los que hemos estado involucrados en este proyecto de diferentes formas e intensidades, sabemos que llegar a dar un hogar digno a estos niños y niñas ha sido muy complicado, pero la colaboración de muchos ha hecho posible tirarlo adelante. A todos ellos, me gustaría darles las gracias porque yo, que tengo el privilegio de compartir mi día a día con estos niños y niñas, puedo apreciar la mejora de la calidad de vida. Cuando los veo tocando, cantando, bailando, como no los he visto antes, muchas de las dificultades del pasado dejan de ser importantes y todos los esfuerzos han valido la pena.
De todos modos, desde hace unos meses, empezamos una nueva etapa en la que tenemos que afrontar nuevos desafíos. La construcción de la residencia no debería ser la culminación de este proyecto porque, por encima de todo, el propósito no es sólo dar refugio, sino que es más amplio y, en este sentido, sigue habiendo mucho trabajo por hacer. Ahora nos toca encontrar la manera de consolidar lo que hemos empezado y tratar de seguir adelante, para que los niños y las niñas que viven en la residencia tengan una vida digna de forma permanente.
Los objetivos son muchos porque hay muchos aspectos en los que podemos ayudar a mejorar y los voy a decir poco a poco, pero lo que si tengo muy claro es que para poder seguir adelante vamos a seguir necesitando la colaboración de muchas personas.
Siempre he creído en el trabajo en equipo y considero que uno de los factores necesarios es atraer a las personas con capacidades variadas y dispuestas a colaborar de diferentes maneras. Como siempre, el dinero es necesario, por lo que vamos a continuar necesitando personas dispuestas a donar, pero para este proyecto, debo decir que lo más importante es el potencial humano. Esto es lo que nos permitirá marcar realmente la diferencia para afrontar el futuro.
Como ya he dicho los objetivos son muchos, pero sobre todo, no tenemos que olvidar que a largo plazo lo que buscamos es que estos niños y niñas tengan un futuro mejor, al mismo tiempo que puedan tener más oportunidades para encarar su vida adulta.
A partir de ahora, vamos a seguir trabajando y descubrir cómo hacer frente a los desafíos, pero también esperamos que la magia de Nepal de vez en cuando nos eche una mano.