4 de marzo de 2018

Crecí en una familia numerosa con cuatro hermanos más. Mi madre, una persona muy especial que había crecido en un ambiente de campo siempre nos quiso, y lo sigue haciendo, pero nunca nos sobre protegió. Yo siempre me he considerado una persona débil, y de niña era muy sensible y llorona pero mi madre no me consentía rabietas y me enseñó a ser fuerte. Creo que si ella hubiera sido diferente, hoy yo no estaría en Nepal y no me hubiera atrevido a afrontar muchos miedos que he sido capaz de superar y que sigo trabajando.

Para comer yo era muy complicada pero ahora agradezco que me obligara a comer verdura porque se tenía que comer de todo para estar sano, que sólo me dejara beber bebidas con gas los días especiales porque eran malas para la salud, o que me hiciera acabar lo que tenía en el plato, porque había muchas personas en este mundo que no eran tan afortunadas como yo de tener un plato en la mesa.

A veces cuando estoy con los niños y las niñas pienso que actúo igual que ella. Y es que de tal palo tal astilla o como ella misma dice, ‘los tiestos se asemejan a las ollas’. Inoj es uno de los niños de la casa y tiene 14 años, aunque parece que tenga once o doce. Desde que lo conocí siempre pensé que tenía algún problema físico porque además está muy delgado. Observándolo me he dado cuenta que tiene un problema de hábitos y que probablemente no ha crecido suficiente porque no come como se debe hacer.

La relación de los nepaleses con la comida es muy diferente a la nuestra. Los niños no comen la ración que les corresponde por edad, sino que se los acostumbra a comer hasta reventar. Aquellos que son de poca vida, al contrario, se les permite no comer y aquello que no les gusta directamente no se les sirve. Comen dal bhat (arroz y sopa de lentejas), dos veces al día y cuando lo hacen, los platos son totalmente descomunales (Supongo que también tiene que ver con el hecho que no tienen siempre acceso a la comida). Comen muy rápido porque con la mano pueden coger mucho más que con la cuchara. Cada vez que voy al hospital de Katmandú, la sección donde tratan problemas digestivos es la que está más abarrotada. Y es que la dieta nepalesa es razonablemente sana pero los hábitos que ellos tienen muchas veces no lo son. Pueden estar muchas horas sin comer pero cuando lo hacen desbordan el estómago. Es cómo muy normal que te digan que el médico les ha diagnosticado “gastric problem” que nunca sabré exactamente a qué se refiere, pero entiendo por qué les pasa. Lo que sí que sé, es que una vez adquirido el hábito de comer hasta que no puedes más, es muy difícil cambiarlo y a las madres y las personas que sirven la comida, les es muy difícil modificar la costumbre de llenar los platos porque esto es también un aspecto cultural arraigado.

Por eso, ni siquiera intento explicarle a la didi que no nos dé tanta comida, porque sé que no la cambiaré, pero no pierdo la esperanza que entenderá que tiene que dar verdura a todos y todas, aunque no les guste porque la salud de los niños y niñas es nuestra responsabilidad.

Las últimas semanas Inoj ha ido cambiando y en estos momentos come verdura en todas las comidas. Empieza a entender que se tiene que hacer un esfuerzo, aunque no le guste, porque si no tendrá muchos problemas de salud y de crecimiento. Yo le digo que cuando era pequeña era como él y mi madre me obligó a comer verdura y ahora no sólo le doy las gracias por haberlo hecho sino que además la verdura me gusta mucho.