13 de febrero de 2018
Hoy me gustaría hablar un poco sobre la rutina, que es el área donde estamos centrando la mayor parte de los esfuerzos. Cuando empezamos a trabajar con los niños y las niñas del Chandeswori, me daba la sensación de que la rutina que podíamos establecer era muy limitada pero cuanto más los conozco, más voy viendo nuevas posibilidades de aspectos que podemos ir incorporando en sus hábitos.

Primero, nos centramos en la higiene más básica, tales como lavarse las manos o la cara, cepillarse los dientes o dormir con pijama. En este sentido también estamos intentando que el personal de la residencia tome conciencia y colabore supervisando y haciendo lo posible para que los niños tengan unos hábitos correctos de forma permanente.

En estos momentos, el objetivo principal es buscar como a través de la rutina podemos hacer que desarrollen sus capacidades y que ello les permita que, de cara a un futuro, tengan recursos para ir mejorando por ellos mismos.

Hay tareas como hacer la cama que no les ha costado aprender. Otras como mantener ordenado el armario les cuesta un poco más. De todos modos, es un aspecto muy importante que debemos ir afianzando porque si aprenden a mantener un orden, les es más fácil encontrar las cosas y por lo tanto también les es más fácil ser independientes. Hicimos unos armarios a medida, que se adaptaban a sus necesidades, a partir de ahora les toca a ellos hacer el esfuerzo de aprender a utilizarlos.

Las últimas semanas hemos estado incorporando nuevas actividades en la rutina como limpiar la habitación los sábados, salir a caminar, hacer clases de inglés y escuchar libros de audio en nepalí.

También hay una parte de la rutina que consiste en cambiar la forma en que el personal se relaciona con los niños y no lo digo porque no los quieran o que los traten mal, que no lo hacen, sino porque, en algunos aspectos, no les dan suficiente atención y en otros los tienen demasiado consentidos.

Uno de los grandes retos que nos plantea la rutina, es el hecho de dar continuidad a lo que vamos incorporando, ya que desde Petit Món sólo colaboramos con este proyecto pero la gestión corresponde a la escuela. El personal de la residencia es muy importante y trabajamos día a día para irlos motivando. Pero creo que también es importante hacer que los niños y las niñas encuentren la motivación por ellos mismos. Los voluntarios en el futuro también jugarán un papel muy importante porque no sólo pueden ayudar a consolidar aquellos aspectos de la rutina que ya están establecidos, sino que además pueden establecer otros nuevos, por ejemplo, en el campo del ejercicio físico, manualidades, cocinar, etc …

En general y sobre todo los niños y las niñas que son totalmente ciegos, es fácil que se acomoden porque están limitados en las actividades que pueden hacer y además tienen unos entornos que los sobre protegen, por eso es importante darles recursos y algun empuje. Nuestro trabajo debe centrarse en intentar que desarrollen su capacidad y que se den cuenta que aprender siempre implica un esfuerzo, pero a la vez que la recompensa que obtenemos por hacerlo, vale la pena. Supongo que también vale la pena que nosotros nos esforcemos en buscar soluciones para que ellos puedan llevar a cabo aquellas actividades que les pueden ayudar a crecer, aprender y vivir sin miedo ya que ellos y ellas al tener limitaciones aún deben esforzarse más.

A menudo las personas que trabajamos en temas de cooperación, debemos plantearnos en qué dirección debemos enfocar nuestro trabajo. Es evidente que países como Nepal si quieren progresar, necesitan cambiar muchas cosas, pero a veces me planteo hasta qué punto tenemos el derecho de decirles cómo deben comportarse o en qué dirección deben caminar. De todas formas una de las mejores maneras que podemos ayudar, es dejarles ver que existen otras perspectivas y maneras de hacer, para que poco a poco vayan modificando algunos aspectos de la mentalidad que impiden que la sociedad progrese.

Personalmente pienso que aquellos aspectos que son puramente culturales no deben cambiarlos, pero hay prácticas, consideradas culturales, que en realidad no lo son y discriminan a las personas en función de la casta, género, etc. Tradicionalmente la sociedad nepalí ha impedido que más de la mitad de sus miembros desarrollara su potencial, incluyendo las mujeres, personas de castas bajas y grupos étnicos, así como aquellos con limitaciones (aunque en este sentido en nuestro también nos queda trabajo por ir haciendo), de esta manera es difícil que el país vaya adelante.

Tengo que decir que en los últimos años las cosas están cambiando muy rápidamente, sobre todo porque la mayor parte de los niños y niñas tienen acceso a la educación, pero esta educación a menudo está enfocada a hacer dinero y no a que haya cambios reales. Incluso, hay una voluntad de presentar Nepal como un país moderno, pero el principal cambio no debe venir de hacer edificios espectaculares y ensanchar calles, sino de hacer que los niños y niñas que tienen que construir el futuro de este país, tengan capacidad de analizar, de ser críticos y sobre todo esforzarse por algo más que memorizar de forma mecánica.

Personalmente creo que aquí es donde podemos aportar más y muchas veces no deberíamos tener grandes aspiraciones, porque los grandes cambios vienen de forma progresiva. Quizás estoy equivocada, pero hoy por hoy el área donde podemos ayudar de una manera más efectiva a la residencia Chandeswori es ir incorporando cambios en la rutina, porque a la larga también implican un cambio en la mentalidad. Por más que los niños y las niñas se esfuercen para que estos cambios en su rutina sean efectivos, siempre necesitarán el apoyo de otras personas, por lo tanto tendremos que ir buscando la manera de que este apoyo no les falte.